CDMX a 8 de enero de 2020 (Noticias México).- Permanecer a través del tiempo ha sido el sueño de miles de personas. La fotografía es el medio que más se aproxima para capturar un instante de la vida y si, además, retiene los colores de la vestimenta, el cabello o los adornos, llega a convertirse en una extensión de la memoria.

Después del logro de la fotografía en blanco y negro surgió el deseo de hacerla más realista al captar los colores de cada detalle. Fue así que, quien podía darse el lujo, mandaba a colorear a mano sus placas.

Soñando la fotografía a color. Un siglo de retrato coloreado en México, 1860-1960 es la exposición que se exhibe en el Museo Mural Diego Rivera en el marco del Festival Internacional de Fotografía FotoMéxico 2019.

La muestra fotográfica, que permanece en exhibición hasta el domingo 9 de febrero presenta un recorrido a través de más de 100 retratos, por un siglo en el que se desarrolló una gran variedad de técnicas fotográficas, como el ambrotipo, el cual permitía la aplicación de colores suaves, colorear la tez y resaltar detalles, como joyas y accesorios.

La gama cromática fue ampliándose en las impresiones sobre papel albúmina, el cual exigía una aplicación más detallada, hasta llegar al autochrome. La aplicación del color también fue variando de acuerdo con la época y los estilos, que transitan desde el naíf, el clásico y el pictorialista, hasta la llegada del color pop, que más tarde utilizaría Andy Warhol en sus retratos de celebridades.

Entre las piezas que presenta la Secretaría de Cultura, a través del recinto del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, se encuentran fotografías de personalidades, como María Félix y Dolores del Río, ambas retratadas por el conocido fotógrafo de las estrellas, Armando Herrera.

En la imagen de Del Río, fechada en 1940, sobresalen los bordados nayaritas y la joyería artesanal que lleva, mientras que en la de María Félix su belleza es acentuada con unas largas pestañas y una boca perfectamente delineada en color rojo.

Gloria Marín en una escena de la película El pecado de quererte o Nahui Ollin en una placa pintada al pastel, que más bien semeja un cuadro, son algunas de las imágenes que pueden observarse en la exposición.

En modas, peinados y poses también se puede ver el paso del tiempo, además de que la aplicación de pigmentos –al igual que el Photoshop en la actualidad– permitía borrar imperfecciones y resaltar rasgos.

Los primeros daguerrotipos coloreados datan de 1840. En ellos se utilizaban pigmentos sobre la superficie aplicados con pinceles. También era común resaltar algunos detalles, como la joyería con hojas de oro y plata.

La muestra está dividida en siete núcleos, en los que se muestra el desarrollo de la fotografía a color. Inicia en el siglo XIX con el daguerrotipo y continúa con los tonos pastel y la influencia francesa, los primeros colores químicos, fotografía infantil, la estética cinematográfica y las portadas de revistas que marcaron el prototipo femenino. Concluye con imágenes de parejas, bodas y familias.

La recreación de un estudio fotográfico de principios del siglo XX espera a los visitantes al finalizar su recorrido. Allí podrán tomarse una selfie que quizá formará parte de una muestra fotográfica dentro de un siglo.

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