CDMX a 15 de enero de 2020 (Maya Comunicación).- La Catedral Metropolitana de la Ciudad de México es silente testigo de la transformación de nuestro país, establecida en el pleno centro neurálgico, religioso y cultural de México, cimentada en una antigua tradición espiritual, no solo en un estricto sentido retórico, ya que fue construida sobre piedras de los templos de la Ciudad de Tenochtitlan, metrópoli del poder del Valle de México y de casi toda Mesoamérica durante el periodo Posclásico, esto lo comprueban las excavaciones que se han realizado en lo que hoy es la sede y máxima representación del catolicismo mexicano.

Este inmueble catalogado Patrimonio de la Humanidad desde 1987, fue proyectado durante el periodo del obispado de Juan de Zumárraga, aunque debido a múltiples situaciones vividas durante el virreinato, el inicio de la construcción se da hasta el año de 1573, concluyendo en distintas etapas el interior y el exterior de la catedral, 1667 y 1813, respectivamente.

Son tantos los momentos trascendentales que han ocurrido en la catedral en las distintas etapas históricas de nuestra nación, bien valdría la pena recordar alguno de ellos, como el nombramiento del primer emperador de México, Agustín de Iturbide que fuera coronado el 21 de julio de 1822, al interior se colocaron dos tronos, uno para Agustín, junto al presbiterio y el de su esposa Ana María Huarte, del lado del coro. Actualmente el trono y los restos de Agustín descansan en la Capilla de San Felipe de Jesús, al interior del inmueble. También descansaron en Catedral los restos de Hidalgo y Morelos, hasta el año de 1925.

Durante las intervenciones, la revolución y la guerra cristera el templo se vio acechado por tropas extranjeras y sucesos dignos de mención, como el sonado caso de la Piedra del Sol, popularmente conocida como Calendario Azteca, descubierta el 17 de diciembre de 1790 por José Damián Ortiz de Castro durante unas excavaciones para la reforma urbana ordenada por el virrey Juan Vicente de Güemes. La piedra fue colocada a un costado de la torre poniente el 2 de julio de 1791 y utilizada como tiro al blanco por los soldados estadounidenses, cuando la bandera norteamericana ondeó en Palacio Nacional en 1847. Los rostros desdibujados de los santos de las puertas de la catedral recuerdan la Guerra de Reforma, mismas puertas que permanecieron cerradas durante la Guerra Cristera.

El año de 1967 marcó una fecha negra para el templo, ya que un corto circuito provocó un gran incendio el día 17 de enero, provocando perdidas irreparables en el patrimonio arquitectónico y artístico; quedan como testigo las sorprendentes y dolorosas fotos de Rodrigo Moya. Hablando de arte, son inconmensurable los tesoros resguardados en este mágico lugar, desde las pinturas de Miguel Cabrera a las virtudes teologales representadas en tres esculturas de Manuel Tolsá que adornaban la portada del templo, pero que en el sismo de 2017 fueron el precio a pagar al caer una de ellas y quedar reducida a partes. Mención aparte los polémicos vitrales de Mathias Goeritz que fueron propuestos en el año de 1966 y a raíz del incendio fueron aceptados a pesar de las opiniones del arquitecto Agustín Piña Dreinhofer que decía: “magníficos para un cabaret pero que en la catedral representan una verdadera catástrofe”. Más allá de los gustos y preceptos morales reinantes de aquellos días, siguen filtrando la luz y adornándola de unos colores que llenan de inspiración a los santos.

En términos de santos y como lo marcan los cánones católicos, no puede haber catedral sin reliquias y en la Catedral Metropolitana se resguardan y se veneran los restos de San Vicente niño y San Deodato en esculturas de cera moldeada de tamaño natural, además de los restos mortales de San Vital, muy conocidos y populares entre los estudiantes, mismos que se ven en una urna y fueron traídos de las catacumbas de San Calixto en Roma y llegados a México en el siglo XIX. No cabe duda que la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México tiene muchos secretos que revelarnos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *